Poemas

"Poeta de la palabra y el pincel"

Abuela ¿Por qué te hiciste mayor?
Vi tus fotos de joven,
eras guapa y alta
¡tenías el pelo tan negro!…
Reías en todas,
seguro que estabas contenta.

Tus dientes eran muy blancos
y tus ojos, ¡no sé!
tenían un brillo especial,
con chispitas
y aunque la foto era vieja,
esas chispitas me parecían color de plata.

Pero hoy abuela no me gustas,
tienes arrugas en la cara
y en tus ojos ya no hay chispitas.
Tus dientes, ¿por qué te faltan algunos?
y tu pelo tan negro…
¿Por qué lo tienes tan gris?
Mamá me pone colonia
tú, ¿por qué hueles a cocina?

Pobre abuela,
ya tu vida casi la tienes vencida,
no te quedan muchos años
por eso ¡Aguanta!…
pero eso sí,
sonríe siempre,
calla siempre,
escucha siempre.

Porque tú no sabes, abuela,
tú no estudiaste,
tú no entiendes,
hay que hablarte más fuerte
y dices que no ves muy bien.

No obstante…
¡Benditas seas abuelas!
Con tus faltas,
con tus deficiencias
y con tus olores a cocina.

Sigue amando,
sigue trabajando,
sigue sonriendo,
sigue esperando…
Ellos se harán adultos alguna vez
y es cuando se darán cuenta de toda tu valía.

De las paellas tan ricas que hacías para todos,
los sábados…
De las horas que entregaste a los demás,
sin cansancio…
De las noches que no conciliabas el sueño,
por los problemas de tus hijos…
Del descanso que no disfrutabas,
por darle juego a tus nietos…
De los rezos a todos los santos,
por la salud y el trabajo de los tuyos…

Es entonces cuando ellos un buen día,
cuando les venga a la mente tu recuerdo
cortarán una flor,
la pondrán junto a tu retrato
y debajo una frase escrita con amor, que diga:
¡Bendita seas abuela…!
¡Cuánto nos quisiste…!

¡CUÁNTO TE QUIERO!

Mil sentimientos navegan
sobre ese mar que se pierde,
bajo el lejano horizonte
queriendo volar ausentes.

A la deriva, sin rumbo,
van hombres sin punto fijo,
confían el destino que Alá
les marcará en su camino.

Buscan dejar la pobreza,
alcanzar el país de ensueño,
dejando atrás sus familias
y guiados por el viento.

Con sus miedos y silencios
hacinados en pateras,
sus grandes ojos no duermen
abrazados en la espera.

Días al sol cegador,
cuerpos sufrientes, resecos,
hambre y sed en la barcaza
con maltrechos compañeros.

Y un mal día el temporal
se levanta despiadado,
arreciando con fiereza
y con celos desmadrados.

Al fin, la mar en sus aguas
y en sus revueltas entrañas,
cobra ilusiones y vida
quedándose allí frustradas.

Sus pies ya no pisarán
ni alcanzarán la frontera.
Ya nunca podrán besar
aquella soñada tierra…
y quedarán en olvido…
¡Al naufragar su patera!